porque_estudiar_mtc

“¿Por qué estudiar una medicina de más de 3000 años de edad? ¿No le faltará algo de modernidad científica?” “¿No sería algo de superstición y de creencia? ¿Será eficaz? ¿Para qué sirve, qué cura?” “Si ya tenemos un sistema de medicina que se desarrolla sobre las bases filosóficas del dualismo del cuerpo y del alma, que ya cura a la gente, ¿por qué meterse en otro sistema de curación que tiene bases filosóficas totalmente diferentes?” Estas preguntas son habituales y legítimas.

Es importante tomar consciencia del hecho que estudiar MTC, es estudiar medicina, o sea un arte de curar, una ciencia de la salud. Es adquirir la capacidad de mejorar el estado de salud del prójimo. Pero este arte de curar se construye sobre bases conceptuales muy diferentes de las de la medicina occidental. Y esto es fundamental.

Formarse en MTC, no es asimilar unas combinaciones de enerpuntos o de plantas que se aplicaran para resolver un tipo de patología. No curamos una enfermedad: ¡restablecemos la salud, la energía de una persona entendida como sistema global! Es toda la diferencia: están tomados en cuenta las dimensiones físicas, psíquicas y climato-sociales. Así no vamos sólo a aprender técnicas terapéuticas nuevas. Sobre todo vamos a impregnarnos de un sistema de comprensión del mundo y del ser humano totalmente distinto del cual está enraizado la Medicina Occidental.

A partir el siglo XVII, la ciencia médica occidental se desarrolló gracias a la división del cuerpo material y del alma inmaterial: el principio espiritual de la identidad de la persona fue disociado del cuerpo de carne y sangre. Y así se consideró que disecar un cadáver no era saquear una criatura de Dios, que ella quedaba intacta en su alma inmaterial, y que lo que se tocaba era sólo su envoltura carnal. Esto permitió la exploración analítica del cuerpo humano y la consideración de la enfermedad como disfunción de un elemento de este cuerpo. No era la persona en su globalidad que se enfermaba o curaba: era o su mente, o su cuerpo. Además éste, era considerado como una suma de módulos independientes los unos de los otros, pudiendo enfermarse y curarse por separado. Así lo que se enferma, no es una persona, sino una víscera, un músculo, una articulación, una función vital, etc.

A diferencia de esta visión analítica de la persona, la MTC desenvuelve el concepto de totalidad dinámica a la escala de la persona humana: es ella como microcosmos que hay que cuidar, y por esto es imposible prestar atención sólo a una de sus partes. Si la persona enferma, es la totalidad del equilibrio, la armonía del mundo que ella encarna, que está afectada; no únicamente la víscera, la articulación o la zona donde se presentara la disfunción.

Estudiar MTC entonces, es adquirir nuevas herramientas conceptuales para entender al ser humano y sus disfunciones, amplificando así el horizonte de posibilidad de restablecerlo como persona  y no como aglomerado de signos y síntomas patológicos. El resultado será una eficacia terapéutica real porque el problema estará considerado en su conjunto.

Daremos aquí un ejemplo encontrado en el libro aclarador de Ted J. Kaptchuk (Medicina China, Una Trama Sin Tejedor) que ilustra la atención que presta el diagnóstico de la MTC a la inscripción de un signo patológico adentro del conjunto de eventos que forma la persona.

Mientras el diagnóstico occidental veía 6 “úlceras pépticas” en 6 pacientes, el diagnóstico chino observo 6 tipos de desequilibrios diferentes.

¿Cómo no considerar que cada paciente tenga un tipo de dolor diferente aunque sea en la misma zona? En un caso el dolor se alivia con compresas frías mientras aumenta con la palpación; en otro caso, el dolor está aliviado con el masaje y el calor, y al comer. Al contrario, huye el frío. En el cuarto caso, el dolor se manifiesta como calambres, y se alivia con el calor, pero no puede tolerar que lo toquen. Etc.

¿Cómo esperar que constituciones diferentes reaccionen de manera igual? Es porque el terapeuta tiene en cuenta el aspecto del paciente: es un índice del tipo de desequilibrio que está sufriendo la persona. El sexto caso, por ejemplo, es muy delgado y tiene una tez de color oscuro. El tercer caso tiene la “cara pálida, suda espontáneamente” durante el día. El segundo caso es una mujer delgada, “de color ceniciento, a pesar que sus mejillas estén coloradas”. Y el primer caso tiene una constitución robusta.

Entonces, el terapeuta de MTC observa el aspecto de la persona, tanto físico como psico-emocional, su olor, su lengua, su pulso, etc. También pregunta sobre el tipo de dolor que tiene, cómo se alivia, cómo está la orina, las reglas, etc. Y todas estas informaciones son tantos elementos como para hacer un diagnóstico detallado y diferenciado de cada persona, entendida como mundo particular. Es porque a sintetizar estos elementos se obtienen 6 diagnósticos distintos uno del otro, cuando sólo se encontraba uno según la medicina occidental.